menu

Ángel León y las tres estrellas Michelín de Aponiente

23 Noviembre 2017

   La pasada noche Ángel León, y con él toda su "tripulación", consiguieron la más que merecida tercera estrella Michelín que los coloca en el Olimpo de la cocina nacional e internacional. Ni un solo restaurante alcanza tal distinción en nuestra comunidad autónoma y tan solo 17 lo logran en el resto del territorio nacional. Desde ayer El Puerto de Santa María pertenece al selecto grupo de ciudades que disfrutan del privilegio de contar con uno de estos templos gastronómicos. Aponiente era el sueño de un tipo al que le gusta pescar y después cocinar. Es el anhelo de quien tiene una mente privilegiada que no descansa ni un minuto y ve más allá de lo que podemos hacerlo el resto de los mortales. Es la locura en la que nunca nos hubiésemos embarcado los que le rodeábamos por nuestra propia incapacidad para ver el genio antes de que se produzca, conformándonos con admirarnos cuando los resultados son evidentes y ya no hay vuelta atrás porque Ángel, una vez más, ha puesto delante de nuestros ojos su última genialidad. Con cuarenta años tiene tres estrellas Michelín y es Premio Nacional de Gastronomía. Para cualquiera ese sería el techo. Para Ángel el techo aún no ha llegado. Y no porque él busque mayores metas una vez alcanzado su sueño sino porque su mente no parará de pensar y de buscar, de mirar con ojos curiosos de niño que sigue buscando respuestas a preguntas que los simples mortales nunca nos haremos porque son solo unos pocos los llamados a ocupar un lugar entre los grandes. A sus amigos, a sus paisanos, a sus familiares y a sus clientes nos queda la ilusión de que siga sorprendiéndonos muchos años más y disfrutando de la compañía de un buen tipo, amigo leal y compañero excepcional en el trabajo. Aunque uno nunca está completamente convencido de que un día no vaya a cruzarse con él por una playa de Caños de Meca donde se haya retirado definitivamente para disfrutar de la compañía de su pareja y su hijo, dando rienda suelta a ese hippie bohemio que en el fondo lleva dentro y que lo que quiere es echar unos lances mirando al mar soñando lo que ya fue.